December 9th, 2007

(no subject)

En el estado en que se encontraba nada podía amilanarlo. Pero sus alardes no eran del todo convincentes. Una especie de cauteloso recelo animó sus ojos con un remedo de vida. Pero en seguida volvieron a nublarse.

-Las niñas me gustan mucho -dijo-, y sus padres se encuentran entre mis mejores amigos.

Volvió la cabeza, buscando algo. Se palpó los bolsillos. Intentó incorporarse del sillón.

-¡Quieto! -dije, quizá en voz más alta de lo que me había propuesto.

-No necesita gritarme -se quejó de un modo curiosamente femenino-. Sólo quería un cigarrillo. Me muero por un cigarrillo.

-Morirá de todos modos.

-Oh, basta... empieza a aburrirme. ¿Qué quiere usted? ¿Es francés, diga? ¿Quién demonios es usted? Vamos al bar y tomemos un...

Vio la pequeña arma negra que tenía en la palma de mi mano como ofreciéndosela.

-¡Epa! -dijo arrastrando las vocales (ahora imitaba la farfulla indecente de las películas)-. Qué bonito revólver tiene ahí... ¿Cuánto quiere por él?

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